Hace unos días tuve una conversación con un amigo con el que trabajo, y en la conversación hablábamos sobre la ayuda.
Quizás te suene raro lo de amigo, pero no he encontrado otra forma mejor de definir la relación que tengo con mis clientes. Yo a los clientes los llamo amigos, porque cuando entras en su casa para ayudarles a definir estrategias, analizar inversiones o tomar decisiones importantes no lo puedes hacer desde la más absoluta frialdad y falta de empatía. Entonces, la palabra cliente para mí es demasiado fría, porque esto no es una consulta donde pasas 1 hora sentado en un diván sueltas tus cosas y te vas a tu casa.
Aquí vamos a trabajar en conjunto, hablamos por WhatsApp cuanto sea necesario, llamadas telefónicas, videoconferencias, reuniones presenciales o lo que tenga que ser.
Voy a contarte lo que quería contarte, que me lío.
Ayudar es uno de los verbos más difíciles de ejecutar. Especialmente cuando el cometido no es físico.
Porque ayudar a mover unas cajas es bastante sencillo, solo tienes que ponerte a hacerlo.
Pero ayudar a tomar mejores decisiones o ayudar a transformar un negocio. Ya no lo podemos simplificar en algo como delegar.
Porque ayudar a mover unas cajas podemos también enfocarlo como un proceso de delegación en la que tú mueves unas cajas y yo otras.
Sin embargo, cuando la ayuda es para un aspecto intangible del que forman parte tus emociones. Aspecto intangible donde yo no puedo sentir lo que tú sientes por mucha empatía que tenga, por mucho que me ponga en tus zapatos.
Ayudar, va de conseguir que la persona que tiene que enfrentarse a un reto, lo pueda hacer en todos los aspectos; que pueden ser físicos, emocionales, mentales, etc. y en negocio hay muy mucho de esto último.
David.
PD: Ayudar no va de decirle a otro lo que tiene que hacer.
PD2: Tampoco de darle consejos del todo a 1 euro.
PD3: ¿Amigos con los que trabajo o he trabajado, tenéis alguna palabra mejor que amigo? Soy todo oídos.

